El día después del conflicto
Posted by: admin in Política, tags: análisis, Argentina, crisisEl conflicto entre el campo y el Gobierno nacional, que estalló hace más de cuatro meses, ha sumergido a la Argentina en un inédito debate acerca de la sojización, la redistribución de la riqueza, el federalismo y las instituciones republicanas, entre otros temas que fueron abordados por ambas partes en disputa.
Siempre es bueno que en una sociedad se debata. Recordemos lo que era la Argentina antes del fatídico 11 de marzo: una sociedad adormecida, sin reacción ante gravísimos problemas como la inflación, la inseguridad, la corrupción o la crisis energética.
Sin embargo, en medio de ese letargo, un problema sectorial como es el del campo, acaparó la atención y la simpatía de vastos sectores medios urbanos no necesariamente vinculados a la problemática agropecuaria. El punto de contacto es evidente: ambos sectores, el campo y las clases medias urbanas, sienten el mismo rechazo hacia ciertas prácticas degradadas del kirchnerismo y que fueron precisamente las que desencadenaron este conflicto. El acto el 25 de mayo en Rosario fue el símbolo inolvidable de ese sentimiento compartido.
El correlato a nivel institucional de este fenómeno social se dio en el Congreso. Los Kirchner, quienes ya habían logrado unir a las cuatro entidades agropecuarias, esta vez consiguieron unir a la fragmentada oposición e inclusive a sectores del oficialismo en rechazo a la resolución 125. Por otra parte, no es un dato menor que en el Congreso se haya vuelto a debatir, y con tanta intensidad.
Ahora bien, la pregunta es: ¿que sucederá con este auspicioso clima de debate y de efervescencia republicana una vez que se disipe el conflicto?
Sin dudas, este es un momento propicio para que en Argentina se vuelvan a debatir las bases de un modelo de desarrollo económico y social perdurable en el tiempo. En otras palabras, es un buen momento para fijar definitivamente políticas de Estado. Es algo que ya lograron hace mucho tiempo países no tan lejanos y distintos del nuestro, como Brasil y Chile.
Política de Estado significa, a grandes rasgos: “hay cosas que no deben cambiar, pase lo que pase y mande quien mande”. A lo largo de estos cuatro meses, se ha alcanzado un acuerdo social tácito acerca de diversas cuestiones fundamentales, como por ejemplo, la necesidad de recrear un verdadero federalismo con instituciones republicanas sólidas e independientes.
Lo cierto es que si ese acuerdo tácito y masivo no se institucionaliza, quizás haya que volver a esperar muchos años más hasta que se genere nuevamente un clima social de similares características. Ya tuvimos una amarga experiencia en la crisis terminal de 2001 cuando luego del tibio “que se vayan todos” se quedaron casi todos.
Hoy no estamos ante una crisis de esa magnitud, si bien lo económico comienza a jugar un papel preponderante. Lo que se está dando es un fenómeno social mucho más profundo, que tiene que ver más bien con un cansancio psicológico de gran parte de la sociedad hacia el modelo de gestión kirchnerista. Básicamente, la gente ya no tolera más la mentira y la confrontación permanente. El límite de la apatía social que en 2001 fue el corralito de Domingo Cavallo, en 2008 puede graficarse perfectamente en la obscenidad de los números falsos que difunde Guillermo Moreno o en la incitación deliberada a la violencia por parte del piquetero oficialista Luis D’Elía.
Por lo tanto, está claro que no alcanza con un clima político y social como el actual para que se produzca un momento fundacional. En 2001 también lo hubo y finalmente todo siguió igual. Falta compromiso cívico que se traduzca luego en voluntad política. Cuando los argentinos entendamos que la democracia no es sólo depositar una boleta en una urna cada dos años, podremos definitivamente empezar a diseñar un proyecto común, perdurable en el tiempo.
El mundo nos reclama, pero inexplicablemente desde hace más de cuatro meses estamos tristemente enfrentados y estancados, discutiendo un punto más o un punto menos de retenciones para la soja. Deberíamos estar fijando un modelo integral de país para las próximas décadas, teniendo en cuenta que somos capaces de producir en cantidad y con calidad los bienes fundamentales que van a escasear a nivel mundial en los próximos años: alimentos y energía.
Recién ahora se comienza a debatir tímidamente al respecto y no deberíamos perder esta oportunidad inmejorable. La tarea está a priori en manos de la actual clase dirigente, pero por sobre todas las cosas, está en manos de cada uno de los argentinos que conformamos esta Nación, y por ende, también esa clase dirigente. Finalmente, ojalá que el día después del conflicto sea una puerta hacia una nueva Argentina y no un retorno al letargo cívico.
Autor: Patricio Giusto
Para elcampo.com
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