Archive for July 18th, 2008
La vida ha sido muy generosa con este ex-radical oportunista.- Le puso en bandeja una oportunidad para redimirse ante la sociedad, después de no pocas tropelías, ejecutadas bajo una apariencia de beatitud que no debe engañarnos.-
Traicionó a su partido, para integrarse - porque no fue aliarse - a un kirchnerismo repugnante, cuando ya nadie podía ignorar la calaña de sus jefes y sus seguidores.- Los acompañó desde Diciembre pasado, en todas las actitudes y actos descalificantes que los “K” hicieron.- Pese al humillante trato que la pareja presidencial le dispensó, y ordenó dispensarle a sus alcahuetes ministeriales, siempre actuó sin acusar recibo de ello.- Una versión muy parecida, a su antecesor Scioli.-
Cuando las encuestas empezaron a señalar el vertiginoso desgaste del gobierno, su sentido acomodaticio le empezó a sugerir tomar una actitud equidistante entre el campo y sus patrones políticos.- Propuso un diálogo y un acercamiento, sin importarle que para ello, los dirigentes rurales tuvieran que dejar jirones de su dignidad.- Las modificaciones a que sinuosamente aludía, eran gatopardismo puro.- Era colaborar en la trampa tendida al campo, para que se desmovilizara, sin lograr nada.- Pido se relean sus declaraciones, cuando se le pedían precisiones sobre los cambios a la 125.-
Al final de estos cuatro meses de conflicto, le era imposible volver al kirchnerismo, porque lo repudiaban como solamente ellos saben hacerlo, dado el odio y resentimiento de que son capaces contra quien piensa distinto, o no se disciplina.- Su tímida desobediencia hasta ese momento, le había quemado las naves - sin quererlo - y ya no podía volver.- Pero tampoco quería enfrentarlos.-
Empezó a nadar entre dos aguas, jugando de componedor y vestido de pacificador.- Siempre hablando de dos posiciones enfrentadas, para él, igualmente respetables.- ¡¡Y no!! ¡Eran dos perversos lobos y una noble oveja, discutiendo que se comía esa noche!.- Nadie con un mínimo de decencia puede ignorar esto.- Había y hay, un malo y un bueno en esto… ¡Que no se nos pierda de vista!.- Y Cobos nunca tuvo la honestidad intelectual y el coraje de marcar esa diferencia, aunque fuera de la forma más diplomática posible.-
A todos los radicales K les cabe este análisis de situación.- El Senador Rached le había comunicado al gobernador Zamora, que cambiaría su voto y apoyaría la resolución del ejecutivo.- Pero 200 productores rodeando su casa, en su pueblo, y la súplica de su madre, lo hicieron volver a su voto original.- Y los numerosos intendentes K que cambiaron su discurso, no fue porque descubrieron ahora qué clase de políticos son los Kirchner.- ¡Ya lo sabían, y no les importó!.- Habían cedido a su chequera, cuan dúctiles mercenarios.- Cambiaron, es cierto, pero por la perseverante y sufrida presión de las bases rurales, y la gente de bien de las ciudades del interior, que constituían la base electoral pensante de su caudal político.- Rápidos y astutos, vieron cómo venía el viento, y acomodaron sus velas.- En esta estrategia sí le corresponde a Cobos la foto trucada del Gran General, que circula por allí.- Comandó esta tendencia, impecablemente.-
Otra foto circulante, ilustra dos grandes huevos de algún ave imaginaria.- Ese origen puede ser, pero los huevos humanos brillaron por su ausencia.- Quien haya podido ver, a las 4 de la madrugada, la imagen temblorosa y suplicante del vicepresidente, intentando primero zafar de su deber, proponiendo un cuarto intermedio, arriesgando que durante el mismo se repitiera la compra de votos tan habituales en el gobierno.- Quien haya podido ver y escuchar las reiteradas disculpas a una Señora que tanto lo ha ignorado, apelando a una comprensión benevolente, como si estuviera por cometer un crimen.- Quien haya presenciado eso, y no estuviera al tanto de la cruda verdad, habría pensado que se estaba decidiendo dos posiciones igualmente justas.- Nada menos cierto.-
¿Qué otra cosa podía hacer Cobos?.- Tal como están las cosas, se habría necesitado mucho más coraje, osadía y vocación suicida, votando en contra del campo y del Interior.-
Con esa tendencia que tenemos los argentinos de endiosar rápidamente a quien sea, la Tota Santillán como sex-symbol, Maradona como ejemplo de la juventud, Lavagna como estadista, Barreda porque se limpió a toda la familia, Alfredo De Angeli, que lo votó a Pino Solana pero le daríamos el ministerio de economía, Scioli de fundido vendedor de licuadoras y corredor de lanchas a Gobernador, etc., etc., no sería de extrañar que transformemos a este semi-redimido vicepresidente, en nuestra tabla de salvación para el futuro.-
Espero que prime la sensatez, y que en la íntima reflexión de cada uno de nosotros, las cosas sean puestas en su lugar.-
Autor: Dr. Alberto J. Frene
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Tiene la palabra el señor senador Marín.
Sr. Marín. — Señor presidente: debo confesar que no es fácil ni cómodo, por lo menos para mí, disentir con la posición de mi bloque. Realmente, lo siento profundamente. Resulta difícil conciliar o ver que todo este tiempo no ha servido para encontrar un acuerdo en este conflicto que hoy tiene la República Argentina, que ha excedido —considero— el marco del sector rural.
Digo esto porque lo que estamos considerando, en última instancia, es un aspecto económico. Aquí se está jugando plata. Así se inició el problema. Y más aún, porque esos intereses económicos afectan a las provincias.
Particularmente, como senador de una de ellas —de la que me siento orgulloso— , debo decir que tenemos disidencias. Y creo que mis pares del bloque justicialista sabrán comprender esto.
En esos términos, quiero fijar mi posición, porque esta resolución administrativa —en mi concepto— no tiene valoraciones de índole político-partidario. Si así hubiese sido, sabría que tendría que estar en otro lugar.
No tengo ingenuidad para no ver. Creo que a excepción de este Senado, donde cada uno brindó sus puntos de vista y no “partidizó” la cuestión, hubo buenos discursos, buena prensa, buenos medios y casi se nos lleva a un planteo de tipo político. Pero para mí, este tema no es político, ni ideológico, sino, simplemente ,una cuestión de intereses.
Represento, acompaño y voy a acompañar siempre a este gobierno. Primero, porque así lo determinó la ciudadanía y, además, porque tengo una relación institucional, política y —por qué no— de afecto con mi gobierno. De tal modo que no van a encontrar en mí una posición política especulativa ni partidaria.
Me ha tocado muchas veces defender los intereses de la provincia de La Pampa. Mi provincia tiene 14 millones de hectáreas: 7 millones de ellas con montes bajos o jarillas —como les decimos nosotros—; 4 millones con montes altos o caldenes; y apenas 3 millones donde se realizan cultivos, en los que hay un promedio de lluvias que oscila entre los 250 y los 700 milímetros por año. Es decir que el 70 por ciento del territorio de la provincia de La Pampa está ocupado por jarillas y caldenes, mientras que el 30 por ciento, de acuerdo con la zona, bordea la parte productiva.
Es decir, solamente con ver un mapa de la provincia de La Pampa, podremos comprobar que es el desierto de la República Argentina. Sin embargo, con el esfuerzo y el trabajo de nuestros productores y agrónomos —quienes pusieron mucho de su tiempo, como los ingenieros Coma, Peters y Balari—, ese desierto se fue convirtiendo en un área productiva.
Somos una provincia que tiene una historia muy peculiar. Si observamos un mapa nacional, podremos ver que el mapa de la provincia de La Pampa se trazó sobre un escritorio: el único límite natural que tenemos es el del río Negro. Pero no se hizo especialmente así porque lo dibujaron, sino porque los intereses lo determinaron. Desde que Roca avanzó, quedamos como un territorio casi sobrante.
Mi provincia no es la provincia de Buenos Aires, ni Entre Ríos, ni Santa Fe, ni Córdoba. Ni por la calidad de sus suelos ni por el régimen de lluvias. Más aún, es la única provincia en la República Argentina que no tiene un río interior. Esto ha significado el esfuerzo de varias generaciones de chacareros. Para nosotros, son chacareros; no son una estadística, sino personas de carne y hueso.
En virtud de eso, quiero decir que la sanción de la Cámara de Diputados excluye todo aquello de lo que tiene necesidad la provincia de La Pampa. Fíjese, señor presidente, que es más barato para el pequeño y mediano productor plantar soja que plantar trigo o maíz, que son los cultivos más comunes de nuestra provincia, y mucho más que criar vacunos, que los hay en 4.300.000 cabezas.
A veces, escucho a los representantes de otras provincias y me da algo de envidia, porque afirman que la agricultura es una parte de la economía provincial. Pero para nosotros, es la economía. Doy algunos datos: el 89 por ciento de la recaudación del impuesto inmobiliario provincial corresponde al 24 por ciento del territorio.
No vengo a hacer la historia de la provincia de La Pampa ni mucho menos. Todavía la soja no ha invadido todo el territorio, ya que ocupa unas 200 mil hectáreas. Sin embargo, hoy se la está sustituyendo con el maní, ya que otras provincias vecinas, que tienen otro régimen de lluvias y otra calidad de tierra, sacan sus vacas hacia La Pampa y siembran soja.
Las generaciones de chacareros han logrado, gracias a su esfuerzo, domar nuestras tierras semiáridas y los médanos, y ahora deben ver cómo la soja se amplía y, en cierta forma, es manejada por los grandes pools de siembra, en virtud de la tecnología de la que disponen. Allí, la mecánica tiene dos vertientes: el gran pool, que toma la mejor parte de nuestro territorio gracias a la tecnología, y los pequeños y medianos productores, que no tienen grandes extensiones de tierra, dado que se encuentra muy subdividida.
En el pleno furor de los cortes de ruta, ellos se produjeron en General Acha, Ataliva Roca y Victorica, donde no hay plantaciones de soja. Se trataba de aquellos que debieron vender sus vacas al cerrarse la exportación, ya que se les morían de hambre. Y así fue como aparecieron —lo dijo el colega de La Pampa— los que tenían para comprar granos baratos y venderlos a otros precios. Más aún, en muchos casos, se llegaba a cambiar una vaca por dos fardos de pasto.
Señor presidente: debo reconocer que este gobierno —mi gobierno— les facilitó a todos ellos volver a recuperar la alegría y la esperanza de saber que su campo podía obtener algunos beneficios. Así fue como veíamos a la gente poniendo alambres, postes, haciendo cosas, pero creo que eso hoy se terminó. Espero y deseo profundamente que se supere con rapidez este conflicto, cualquiera sea el resultado. No puedo dejar de manifestar que el 60 por ciento de los sojeros, según los llaman hoy, son los que ocupan las mejores tierras de La Pampa. El gran temor que tenemos hoy es que se les quiten a nuestras tierras todos los nutrientes. Los pampeanos sabemos lo que eran nuestras tierras: veníamos de un desierto.
La Nación nunca se ocupó del desierto que tiene en la mitad de la República Argentina, pero este gobierno facilitó —y lo hizo en gran forma—mucho las cosas. Debo decir esto con toda claridad: hoy hablaban del gobierno nacional; cualquiera sea, se lo tiene que tomar en las condiciones que recibió el país. Y había muy pocos que podían hacerse cargo de ello. Me constan y le constan a algún colega que está aquí las reuniones que hemos tenido. Ese es un aspecto importante, por lo menos, para nosotros.
Queríamos y queremos que esta ley también contemple a los que producen trigo, porque tenemos zonas en donde únicamente crece el trigo. Además, que contemple zonas del maíz, porque eso sirve para poder mantener en gran parte la cantidad de animales vacunos que tenemos. Por eso, la bronca que había cuando tocaron el problema de la soja, que realmente no es el tema central de La Pampa, y se olvidaron de considerar lo demás.
El país tiene una geografía muy diversa: la tenemos en nuestra provincia y la tendrá cualquier provincia. Respecto de esos 80 pueblos que tenemos en la provincia de La Pampa, le diría a mi presidenta, con mucho respecto y con el aprecio que le tengo, que cualquiera sea el resultado que hoy surja, que contemple esa situación, porque somos pocos pampeanos.
Por eso decía que no se trata de una estadística sino de personas de carne y hueso, y los conocemos a todos. El 80 por ciento de esos productores vive en el campo, no son aquellos del departamento en Barrio Norte, porque, además, no lo pueden ser. La alegría que tuvieron es haber podido comprar una camioneta en una oportunidad ¿Por qué no? Llevan generaciones trabajando en esa tierra hostil como es la provincia de La Pampa.
Nosotros somos, por ley, zona patagónica; no pertenecemos a la Pampa Húmeda. Existe una ley que nos considera así. Más aún, después de la reforma de la Constitución Nacional de 1994, en la que se autoriza a hacer regiones, la única que se hizo en aquel tiempo fue la conformada por la provincia de La Pampa, junto con Río Negro, Santa Cruz, Chubut, Tierra del Fuego y el Neuquén. El colega Verani se debe acordar.
Entonces, esta situación me llevó mucho esfuerzo; son 55 años de militancia en el peronismo. Realmente me duele no poder acompañar a los compañeros en este proyecto. Y no lo hago por la Sociedad Rural o la Federación Agraria. Fui gobernador de mi provincia durante dieciséis años, y no fui nunca a sus reuniones, porque cada vez que iba, me sacudían con todo, con razones o sin ellas. El problema no son ellos, sino nuestros chacareros. Ese es el problema.
Al respecto, encontré en el proyecto del senador Reutemann elementos que también se condicen y favorece a nuestra provincia. Fíjense qué contraste: sale más barato la soja en La Pampa que cosechar trigo o maíz. Es casi un absurdo. Por una parte, no queremos la sojización y, por la otra, están votando los avales para que cada vez sea más fuerte.
Esa fortaleza de la soja está llevando a la gente a alquilar sus campos. ¿Qué le vamos a decir? Si le pagan un alquiler que es el costo que tenía el campo hace cinco años. Hace cinco años, con 800 dólares, se compraba una hectárea en las zonas más productivas; hoy le pagan 800 dólares de alquiler por hectárea. ¿Por qué ese productor —que sabe cómo trabajar— tiene que entrar en eso?
Apoyo el proyecto del senador Reutemann, porque incluye otros cultivos como el trigo y el maíz. Eso es sustancial para nosotros; en particular, el trigo, porque no tenemos dos ciclos. Si se siembra trigo, es una vez en el año; si se siembra soja, es una vez en el año. Por eso decía que no somos Santa Fe o Buenos Aires, donde incluso pueden hacer dos cosechas; para nosotros es una, y debemos depender todo el día de lo que viene. A nuestro criterio, faltaría agregar en el proyecto que presentó el senador Reutemann —para alcanzar también a los productores pequeños y medianos—las sociedades integradas por familiares, que mi provincia las tiene y muchas.
A mi criterio faltaría incluir las diferencias por fertilizantes para la soja y también para la implantación de pasturas perennes, que es la que nos permitió combatir el desierto.
Aunque sé que he robado unos minutos para hacer mi exposición, por lo que pido disculpas, voy a permitirme acotar un párrafo más para referirme a la coparticipación.
¿Qué pasó con la coparticipación? El problema no viene de ahora, no es responsabilidad de mi gobierno, porque junto con quienes son mi gobierno y el presidente de mi partido hemos peleado muchos años por la coparticipación. Recuerdo que cuando Cavallo, entonces ministro de Economía, nos llamó para hacer el Pacto Fiscal I —Verani se debe acordar— nos sacaron el 15 por ciento de la masa coparticipable para financiar las cajas de jubilaciones que se habían transferido a la Nación. Mi provincia no transfirió la caja de previsión. No obstante ello, aportamos para que el resto de las provincias transfirieran sus cajas. Por eso no nos pueden decir a los pampeanos que no hemos sido solidarios.
Nosotros no emitimos billetes como sí lo hicieron muchas provincias, pero igualmente tuvimos que aportar desde La Pampa para que otros argentinos pudieran salir del momento difícil en que estaban.
Después del Pacto Fiscal, en 2001, se dicta el Decreto 1399 —que hoy todavía se usa para las retenciones—, firmado por Cavallo y de La Rúa. Por un lado, se define un porcentaje de todo lo recaudado por la AFIP y, por el otro, se procede a la detracción de un impuesto coparticipable, como es el IVA. El gobierno del doctor Duhalde, en virtud de ese decreto, también impuso retenciones a los productos agrícola-ganaderos. Esto significó una nueva detracción a las provincias porque sacaron esos recursos de la masa coparticipable y del IVA.
Luego hubo una resolución de la AFIP a efectos de destinar recursos para la Dirección General de Aduanas. Las provincias teníamos que pagar a la AFIP el costo a efectos de sostener una estructura de más empleados para recaudar impuestos coparticipables.
Con la representación que tengo y que me corresponde por La Pampa, así como en mi carácter de ex gobernador de esa provincia, digo que ojalá sea la última vez que no puedo acompañar a mi bloque porque lo siento profundamente. Como es indudable que los intereses de mi provincia —al menos en mi concepto— se ven afectados por este proyecto que viene de la Cámara de Diputados, acompañaré la iniciativa presenta por el senador Reutemann.
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