La mayoría de los pronósticos meteorológicos para la región pampeana auguran el adelantamiento de El Niño en primavera, pero esta semana ingresamos en el invierno, que es la época en que menos llueve y los perfiles no se recargan completamente hasta octubre; es decir, “el futuro es alentador, pero el presente sigue siendo crítico”, vaticinó Eduardo Sierra, profesor de Climatología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires.

“Las lluvias históricas de muchas localidades de la provincia de Buenos Aires son de 30 milímetros en julio, de 40 en agosto y de 50 en septiembre, lo que no alcanzará para reponer los perfiles secos y mantendrá un ambiente desfavorable para la siembra de trigo y maíz, al tiempo que seguirán muy complicados las producciones de carne y leche”, agregó Sierra. Las temperaturas promedio para la estación invernal de la Argentina seguirán siendo levemente superiores a las normales, pero con irrupciones de aire polar y heladas.

Además, dijo: “Tenemos por delante los peores tres meses, en los que naturalmente llueve poco; las precipitaciones pueden aumentar en septiembre, pero permitirán recuperar los suelos recién a partir de octubre, lo que convierte a 2009 en otro año sojero”.

Anthony Deane, de Weather Wise Argentina, también pronosticó que seguirán las condiciones de sequía en el invierno y espera el desarrollo de El Niño en primavera, aunque más débil que otros anteriores porque dice: “Desde 203 entramos en un ciclo más frío en los océanos, que da como resultado menor producción de lluvias”. Según este especialista, “se reanudarán las precipitaciones importantes en septiembre, fortalecidas por El Niño, con particular efecto benéfico sobre los trigos en floración del sur de la provincia de Buenos Aires, pero serán más intensas de noviembre a abril de 2009″.

Ya comenzaron a aparecer indicios de la llegada de El Niño en primavera: se pronostican tornados y huracanes en la franja tropical del planeta y hubo una primavera húmeda en Estados Unidos, con fuertes tormentas y duplicación de las lluvias normales para la época en el corn belt (525 contra 280 milímetros en el período anterior, en Illinois, que complicó la implantación de maíz y soja) y en otras regiones agrícolas.

Estos excesos hídricos pueden producir enfermedades y algunos problemas temporarios en los cultivos, que provocarán volatilidad en el mercado de Chicago, pero no comprometerán significativamente los objetivos de producción del país del Norte.

Por Carlos Marín Moreno

Fuente: La Nación

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